La brutalidad criminal contra ellas

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No hay un día que pase sin conocerse el crimen atroz de una mujer. El feminicidio sigue siendo una de las expresiones más brutales de la violencia de género en el mundo, pero lo peor es que cada vez asombra menos a las autoridades y a la misma sociedad; incluso en las redes sociales, muchos opinadores justifican las acciones criminales sin contemplaciones.

En Colombia, por ejemplo, los registros de 2025 muestran más de 427 casos confirmados, mientras que a nivel de América Latina se contabilizan 3.828 muertes violentas de mujeres por razones de género.

La magnitud del fenómeno exige políticas públicas más efectivas y sostenidas. Nuestro portal web, sinrecato.com, se une a las voces que rechazan el fenómeno, y contribuye con hacer visible análisis que enriquecen el debate en la conmemoración del actual Mes de la Mujer.

Según organismos como ONU Mujeres y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, UNODC, cada día 11 mujeres son asesinadas en América Latina por esta causa, acumulando más de 19.000 feminicidios en los últimos cinco años. Este panorama refleja no solo la persistencia de la violencia, sino también la insuficiencia de los sistemas judiciales y de prevención.

Expertos como la abogada colombiana especializada en Derechos Humanos, Adriana María Benjumea, directora de la Corporación Humanas, han señalado que la impunidad es uno de los mayores obstáculos en lograr castigo justo a autor a autores.

“La ley existe, pero la falta de aplicación rigurosa perpetúa la violencia y deja a las víctimas sin justicia”, sostiene Benjumea.

La Procuraduría General de la Nación, en su balance de 2025, reconoció avances en la tipificación del feminicidio, pero advirtió sobre las barreras que enfrentan las víctimas indirectas y sobrevivientes para acceder a reparación efectiva.

El Observatorio Feminicidios en Colombia reportó 427 casos en 2025, con un patrón que afecta principalmente a mujeres jóvenes y madres, dejando decenas de niños huérfanos.

Por su parte, la Defensoría del Pueblo complementó estas cifras señalando que la violencia intrafamiliar y sexual sigue siendo el contexto más frecuente en el que se desencadenan los feminicidios.

A nivel internacional, algunos países han implementado políticas públicas exitosas. España, por ejemplo, consolidó un sistema integral de protección con juzgados especializados en violencia de género, acompañamiento psicológico y medidas de protección inmediatas.

México, pese a sus altos índices, ha avanzado con la creación de alertas de género que obligan a las autoridades locales a tomar medidas urgentes en territorios críticos. Estos modelos muestran que la combinación de prevención, sanción y reparación puede reducir la incidencia del feminicidio.

El feminicidio en América Latina es un fenómeno que impacta profundamente la estructura social, generando miedo, desconfianza y debilitando la cohesión comunitaria.

Tres voces académicas latinoamericanas ofrecen perspectivas críticas sobre este flagelo y sus consecuencias en la sociedad contemporánea.

La investigadora colombiana Doris Elena Ospina Muñoz, de la Universidad de Antioquia, advierte que el feminicidio refleja la persistencia de patrones patriarcales arraigados en la cultura regional.

Para ella, “la violencia feminicida no solo elimina vidas, sino que perpetúa un mensaje de subordinación que afecta la percepción de las mujeres sobre su lugar en la sociedad”.

Subraya que la dificultad para investigar y documentar estos crímenes es también un síntoma de la resistencia institucional a reconocer la magnitud del problema.

Entre tanto, la socióloga Victoria Gambetta, de la Universidad de la República en Uruguay, sostiene que el feminicidio es un espejo de las desigualdades estructurales.

“Cada caso es la evidencia de un sistema que falla en proteger a las mujeres y que normaliza la violencia en el ámbito privado”, afirma.

Enfatiza que el impacto social se traduce en generaciones que crecen con la idea de que la violencia es un mecanismo legítimo de control, lo que perpetúa el ciclo de agresión.

La investigadora peruana Rosa Elvira Marmanillo Manga, de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco, analiza los rasgos socioculturales del agresor.

Según Marmanillo, el feminicidio está vinculado a la construcción de masculinidades violentas y a la aceptación social de la dominación masculina.

“El impacto en la sociedad es devastador. No solo se pierden vidas, sino que se refuerzan estructuras de miedo y desigualdad que limitan el desarrollo democrático y cultural de nuestras comunidades”, concluye.

Las tres voces coinciden en que el feminicidio no es únicamente un crimen individual, sino un fenómeno que erosiona la confianza social, reproduce la desigualdad y obstaculiza la construcción de sociedades más justas. La respuesta, señalan, debe ser integral a través de la educación transformadora, la justicia efectiva y políticas públicas que ataquen las raíces culturales de la violencia.

Las recomendaciones para enfrentar el fenómeno, de acuerdo con expertos y entidades, deben ser profundas y estructurales.

Primero, fortalecer la prevención comunitaria, con campañas educativas que transformen imaginarios culturales que normalizan la violencia contra las mujeres.

 Segundo, garantizar la debida diligencia judicial, evitando la impunidad y asegurando que cada caso sea investigado con perspectiva de género.

Tercero, consolidar sistemas de atención integral que incluyan refugios seguros, apoyo psicológico y acompañamiento legal para las víctimas y sus familias.

Cuarto, promover la articulación interinstitucional, de manera que las políticas públicas no se fragmenten entre ministerios y entidades, sino que operen bajo un plan nacional coordinado.

Quinto, es indispensable invertir en estadísticas confiables y actualizadas, pues sin datos precisos no es posible diseñar estrategias efectivas.

En resumen, el feminicidio no es un fenómeno aislado, sino el síntoma más extremo de una cultura de desigualdad y violencia. La respuesta debe ser integral, sostenida y con voluntad política real.

Colombia, con sus cifras alarmantes, tiene la oportunidad de aprender de experiencias internacionales y de reforzar sus propios mecanismos legales y sociales. Solo así será posible garantizar que las mujeres vivan libres de miedo y violencia, y que la sociedad avance hacia una verdadera equidad.

Álvaro Oviedo C

Periodista independiente, actual editor de sinrecato.com Profesional con más de 40 años de experiencia en medios de comunicaciones impresos y digitales, relaciones públicas, radio y tv. Desde el 2018, cocreador de sinrecato.com, plataforma digital de expresión para romper tabués sobre la sexualidad, la vida en pareja, la formación de buenos ciudadanos y mejores familias, llamando las cosas por su nombre. Creador de la red informativa regional, sinrecatonoticias.

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