Los modales perdidos en el tiempo

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Me llama la atención una publicidad con la que la administración municipal de Sabanalarga, en el departamento del Atlántico, invita a los ciudadanos a repasar los consejos de comportamiento de la denominada ‘Urbanidad de Carreño’.

Carreño, cuyo nombre de pila era Manuel Antonio, fue un venezolano de nacimiento, músico, pedagogo y diplomático que se hizo célebre por sus aportes a la educación en América Latina a través del ‘Manual de Urbanidad y Buenas Maneras’ en circulación desde 1853, pero que hoy solo queda en la memoria de viejas generaciones del siglo pasado.

Hoy, la cultura ciudadana, entendida como el conjunto de prácticas, valores y normas que orientan la convivencia, atraviesa una crisis silenciosa, quizás, producto de la pérdida de los buenos modales heredados de los abuelos.

 Aquellos gestos simples, como saludar al vecino, ceder el asiento, agradecer con sinceridad, escuchar sin interrumpir, entre muchos, han sido relegados por una sociedad que privilegia la inmediatez, el ego, la banalidad y la indiferencia, de acuerdo con investigadores que así lo han confirmado.

Según un estudio del Observatorio de Cultura Ciudadana de Bogotá, elaborado en el 2024, el 63% de los encuestados considera que las nuevas generaciones muestran “baja disposición” hacia las normas de cortesía básicas, mientras que un 41% admite que rara vez practica actos de respeto en espacios públicos.

Estos indicadores reflejan un deterioro que no solo afecta la convivencia, sino también la confianza social, de acuerdo con trabajos realizados por la antropóloga María Emma Wills y el psicólogo social, Alejandro Gaviria.

Wills sostiene que los buenos modales no son simples rituales de etiqueta, sino dispositivos de cohesión social. En sus análisis sobre memoria cultural, advierte que la cortesía es una forma de reconocimiento mutuo que fortalece la identidad colectiva, pero si esto es ignorado impacta en el debilitamiento de los vínculos comunitarios y abre paso a la fragmentación.

Gaviria, por su parte, en un ensayo publicado por la Universidad de los Andes, subraya que la cortesía intergeneracional actúa como un “capital simbólico” que se transmite y acumula, y cuya pérdida genera déficit de confianza en las instituciones y en la vida cotidiana.

El contraste con las prácticas de los abuelos es revelador, consideran otras investigaciones. En la época de ellos, la cortesía era un valor transversal porque se enseñaba en la familia, se reforzaba en la escuela y se exigía en la calle. Hoy, en cambio, la transmisión se ha debilitado.

Un informe de la UNESCO sobre educación para la ciudadanía, publicados en 2023 muestra que solo el 27% de los programas escolares en América Latina incluyen contenidos explícitos sobre normas de convivencia y respeto interpersonal. La ausencia de estos referentes en la formación temprana explica, en parte, la indiferencia de los jóvenes hacia los modales tradicionales.

El rol de la tecnología

El fenómeno también se vincula con la transformación tecnológica. El sociólogo español Manuel Castells Olivan ha advertido que el mundo digital ha desplazado la interacción cara a cara, reduciendo la práctica de gestos básicos de cortesía.

En un estudio del año 2022 de la Universidad Complutense de Madrid, se concluyó que el 58% de los jóvenes entre 18 y 25 años considera “innecesario” saludar en espacios virtuales, lo que refleja una mutación cultural en el que la la cortesía se percibe como obsoleta en entornos dominados por la rapidez y la eficiencia.

Sin embargo, esta percepción contradice hallazgos de la Organización Mundial de la Salud, OMS, que en su informe sobre bienestar comunitario del 2021 señala que los actos de reconocimiento interpersonal, como saludar o agradecer, incrementan en un 22% la percepción de seguridad y confianza en los espacios urbanos.

La desvalorización de los buenos modales tiene consecuencias prácticas. En ciudades como Barranquilla, donde la convivencia depende de la interacción constante en espacios públicos, la falta de cortesía se traduce en conflictos cotidianos palpables en discusiones en el transporte, tensiones en filas de servicios, indiferencia hacia adultos mayores, etc.

El Observatorio de Seguridad Ciudadana del Atlántico liderado por la Gobernación, a través de la Secretaría del Interior, reportó en 2025 que el 37% de los altercados menores registrados en la ciudad se originaron en “faltas de respeto” o “actitudes descorteses”. Este dato confirma que la cortesía no es un lujo, sino un mecanismo preventivo de conflictos.

¿Qué hacer frente a este panorama?

 Los investigadores coinciden en que la recuperación de los buenos modales requiere políticas públicas y esfuerzos comunitarios.

La Fundación Corona, en su informe sobre cultura ciudadana del 2024, recomienda tres líneas de acción: primero, incorporar contenidos de cortesía y respeto en programas escolares; segundo, promover campañas masivas que visibilicen el valor de los gestos simples; y tercero, incentivar prácticas de reconocimiento en espacios públicos mediante indicadores de medición.

Por ejemplo, en Medellín se implementó un programa piloto en el sistema de transporte que midió la frecuencia de saludos entre usuarios y conductores. Los resultados de los seis meses de implementación permitieron saber que el porcentaje de interacción respetuosa aumentó del 28% al 46%, y los reportes de conflictos disminuyeron en un 19%.

La experiencia internacional también ofrece lecciones. En Japón, la Agencia de Cultura reporta que el 82% de los ciudadanos considera la cortesía como un valor esencial para la convivencia, gracias a programas escolares y comunitarios que refuerzan prácticas tradicionales.

En contraste, en Colombia los indicadores muestran una caída sostenida. De acuerdo con el Barómetro de Valores Ciudadanos, que es manejado por la Caja de Compensación Familia de Antioquia, Comfama, en una investigación del 2025 reveló que solo el 34% de los jóvenes considera “importante” mantener los modales de sus abuelos. Esta brecha evidencia la necesidad de una estrategia nacional que recupere la cortesía como patrimonio cultural.

Más allá de las políticas, la responsabilidad recae en la sociedad civil. Los abuelos enseñaban con el ejemplo, el saludo en la mañana, un gesto de respeto hacia los mayores, una palabra amable en medio de la rutina. Recuperar esos hábitos exige voluntad individual y compromiso colectivo.

El filósofo español Javier Gomá, en su teoría de la ejemplaridad pública, sostiene que las sociedades se transforman cuando los individuos asumen la responsabilidad de ser modelos de conducta. Aplicado a la cultura ciudadana, esto significa que cada gesto de cortesía puede convertirse en un acto pedagógico que inspire a otros.

La reflexión final es clara. Los buenos modales no son reliquias del pasado, sino herramientas vigentes para construir convivencia, ignorarlos equivale a renunciar a un capital cultural que garantiza cohesión y confianza.

La evidencia empírica muestra que la cortesía reduce conflictos, incrementa la percepción de seguridad y fortalece la identidad comunitaria. Los abuelos lo sabían y lo practicaban; las nuevas generaciones lo han olvidado, pero aún estamos a tiempo de recuperarlo.

La tarea es colectiva y en ella deben participar de manera indiscutible las familias, las escuelas, las instituciones y, por supuesto, los ciudadanos. El reto es rescatar la cortesía como un valor esencial, solo así podremos transformar los indicadores de desconfianza en cifras de respeto, y convertir los gestos simples en cimientos de una cultura ciudadana sólida y resiliente.

Álvaro Oviedo C

Periodista independiente, actual editor de sinrecato.com Profesional con más de 40 años de experiencia en medios de comunicaciones impresos y digitales, relaciones públicas, radio y tv. Desde el 2018, cocreador de sinrecato.com, plataforma digital de expresión para romper tabués sobre la sexualidad, la vida en pareja, la formación de buenos ciudadanos y mejores familias, llamando las cosas por su nombre. Creador de la red informativa regional, sinrecatonoticias.

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