Cómo influye el apego en las relaciones

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Si hay una palabra que ha sido malinterpretada en nuestros tiempos ha sido, precisamente, el apego, tanto así que no se le ha dado la importancia que merece. Sin embargo, lo que pocos saben es que, explicado desde la psicología, este concepto nos permite entender las relaciones humanas y la manera cómo nos vinculamos afectivamente.

Lucía Jiménez, psicóloga y sexóloga española, habla de este concepto: “El apego en psicología es un mecanismo evolutivo que permite la supervivencia de la especie mediante la colaboración con otros individuos. Tiene mucho que ver cómo reaccionamos o nos sentimos cuando compartimos nuestro mundo emocional con otras personas”.

Este concepto no surgió espontáneamente. John Bowlby, psiquiatra inglés y psicoanalista infantil, desarrolló en los 60s la ‘teoría del apego’, y la definió como una tendencia natural en la que los recién nacidos establecen lazos emocionales íntimos con determinados individuos, en su caso, con los cuidadores principales que son mamá, papá u otros.

De acuerdo con esta teoría, la capacidad para regularnos está relacionada con cómo la figura de apego principal se relaciona con nosotros por medio de la gestión emocional, la capacidad para sintonizarse y la manera cómo responder a nuestros requerimientos.

Con relación a esto, la psicoanalista estadounidense, Mary Ainsworth, determinó los distintos tipos de apego mediante el estudio de “la situación extraña”. Descubrió que cuanto más estable y seguro es el vínculo con la figura de apego, mayor es la libertad del niño para explorar su entorno y aprender de él. Por lo tanto, es capaz de regular sus emociones con más facilidad.

De acuerdo con las diferentes reacciones de los niños en este estudio, se definieron los tipos de apego:

Seguro: cuando la figura de apego se separa, sienten algo de ansiedad, pero son capaces de regularse. Cuando la figura regresa, la reciben de manera positiva.

Evitativo: estos niños mostraron indiferencia al separarse del adulto. Cuando el adulto regresa, lo ignoran o lo evitan.

Ansioso: en el estudio, estos niños mostraron mucha ansiedad ante la separación y se les dificultó calmarse. En estos casos, cuando la figura de apego vuelve, tardan en calmarse y sentirse confiados.

Desorganizado: hay muchas inconsistencias, porque aunque sientan angustia ante el abandono, al encontrarse con la figura de apego muestran indiferencia. No hay un patrón claro de comportamiento y, en la mayoría de los casos, son niños que vienen de hogares violentos o desestructurados.

De acuerdo con los expertos, los patrones de comportamiento que se forman durante la niñez, aunque influyen en la etapa adulta, no son determinantes. Esto pasa porque la figura de apego cambia con el paso del tiempo y pueden ser los padres, amigos, o la pareja.

El contar con un vínculo sano, estable y seguro en la adultez permite que se cultive un apego consistente. De igual manera, experiencias inseguras pueden desencadenar un estilo más inseguro.

Bueno, ahora sí, a lo que vinimos: ¿cómo se expresan estos tipos de apego en las relaciones de pareja? De acuerdo con Lucía Jiménez, los adultos son abstractos y sustituyen la cercanía física por la emocional, y de ahí surge esta clasificación:

Apego seguro: se caracteriza por generar relaciones de confianza. Las personas con este tipo de apego tienen buena autoestima y se sienten cómodas compartiendo sus sentimientos con aquellos que tienen su confianza. Cuando necesitan ayuda, sienten la confianza de pedirla.

Apego ansioso: en este caso, la persona siente preocupación sobre los sentimientos que su pareja tiene hacia ellos. Son exigentes, demandantes, experimentan inseguridad con respecto al vínculo y mucha ansiedad cuando terminan las relaciones. Muestran mucha dificultad para autorregularse y sus reacciones son muy intensas.

En su infancia, pudieron contar con figuras poco predecibles que a veces tenían y otras veces no, por lo que se sienten siempre alerta ante la posibilidad que el otro no les apoye o abandone.

Apego evitativo: se caracteriza por no conectar con sus propias emociones y las de los demás. Estas personas ven las necesidades de los demás como exigencias y tienden a sentirse invadidos. Se incomodan cuando crean intimidad con alguien y empiezan a depender del otro. Probablemente en la infancia no recibieron el cuidado necesario y se vieron obligados a suprimir sus necesidades para no sufrir.

Apego desorganizado: en este tipo de apego, se transitan emociones intensas de amor-odio. No logran situar a la otra persona. Pueden tener mucho miedo al abandono, pero no muestran ninguna conducta de protesta.

La psicóloga y sexóloga española describe que cada tipo de apego tiene una zona de peligro en la que se activan una serie de estrategias que le permite a la persona restablecer su seguridad.

En el apego ansioso, la zona de peligro son los mensajes neutros, los cuales se interpretan como negativos. Constantemente andan buscando lo que no se les ha perdido. Su sistema nervioso es hipervigilante, porque sienten que los van a traicionar.

Pero ¿cómo se restablece la zona segura? En este caso, cuando se recibe una respuesta afirmativa que todo está bien, el sistema de apego se calma y se vuelve a la tranquilidad.

En el apego evitativo, por ejemplo, la zona de peligro, es cuando sienten que la intimidad es muy intensa. Así que empiezan a buscar los mil peros, se fijan en los pequeños defectos, coquetean con otras personas, etc., de esta manera es que adoptan conductas de desactivación para reprimir el sistema de apego, cuya función biológica es la de acercarse a la otra persona.

Y aunque resulte contradictorio, es más común de lo que pensamos que una persona con tendencia ansiosa se relacione sentimentalmente con una evitativa.

Este suceso es tratado por Jiménez, quien indica que la mente humana es demasiado compleja y, como lo dice la teoría de ‘la profecía autocumplida’, las personas terminamos colaborando a que nuestras creencias se cumplan.

La persona evitativa saldrá de esa relación pensando que nada de lo que haga será suficiente, que siempre le piden demasiado y que las personas son dependientes. Por otro lado, la ansiosa sentirá que no puede fiarse, que siempre la abandonan o rechazan y que nadie le dará lo que necesita o busca.

Con esto no quiero decir que una relación así no pueda funcionar, aunque claramente sus necesidades emocionales son muy diferentes. Al final, es una situación donde alguien que evita la intensidad y la proximidad emocional se sienta atraído por una persona que busca constantemente demostraciones de amor. Por eso es que la clave está en trabajar de manera consciente en la intimidad y el compromiso de la pareja.

Algo como el apego no define a una persona o una relación. Lo importante es entender que todos expresamos nuestros sentimientos y emociones de formas diferentes, y no quiere decir que uno ame más o el otro menos. Para ello, es necesario conocer y entender nuestra historia personal y encontrar un punto de equilibrio en el que puedan amarse y amar al otro #sinrecato.

Taty Brugés Obregón

Abogada, periodista, directora general de sinrecato.com Columnista del portal zonacero.com y otros medios digitales. Profesional con más de 27 años de experiencia en medios de comunicaciones impresos y digitales, relaciones públicas, radio y tv. En 2018 creó sinrecato.com como una plataforma de expresión para romper tabués sobre la sexualidad la vida en pareja y la familia, llamando las cosas por su nombre pero con responsabilidad. Como creadora de contenido, la apasiona la actuación, lo cual le ha permitido ampliar su interacción en redes sociales y fortalecerse como profesional en el campo.

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