Ellas dominan la acción

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Para los que no somos expertos en el BDSM (Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo), pero de vez en cuando le coqueteamos, esta columna les puede interesar y, para los que no se atreven, igual es información que en algún momento les podría ser útil.

Les comento que encontré un concepto bien particular: el femdom. Se trata del arte de la dominación femenina sobre una parte sumisa, la cual puede ser de cualquier género. En el caso de que esta otra parte sea mujer, se conoce como “lezdom”.

El femdom es la relación de poder que existe entre la dómina, dominatrix o ama, sobre el esclavo o sumiso, haciendo referencia a los juegos de dominación y sumisión. Aquí se nos habla del tipo de vínculo que se establece y no de lo que se hace en él.

Tanto la dominante y él (la) sumiso (a) tienen sus propias fantasías, así que también tienen sus propias reglas para los juegos que practicarán, lo que aumenta las posibilidades y los diversos escenarios.

Por lo general, se piensa que la dómina es quien siempre lidera el juego, pero, en realidad, es un acuerdo previo de ambas partes para tener una experiencia inolvidable y trazar líneas rojas que no quieren cruzar. 

La pregunta del millón es ¿cómo se empieza esta práctica?

Lucía Jiménez, sexóloga y psicóloga española, dice que no solo se trata de comprar lencería de cuero y un látigo, sino que lo más importante es tener la actitud y, por supuesto, estar a gusto con este rol de dominación.

“El femdom se practica en un contexto de seguridad creada, que es muy diferente a una situación cotidiana. Además, tiene que ver con todo aquello que te excita, y aunque tu personalidad puede ser en general más sumisa, quizás el BDSM te inspira a posicionarte como dominante”, explica.

En este caso la ama, o sea, quien domina, tiene la responsabilidad de llevar al sumiso a los límites físicos y mentales de su placer.

Jiménez recomienda para esta práctica elegir uno de los juegos que más te atraiga y te excite para que te informes, veas videos, preguntes a personas que practican el BDSM, entre otras cosas, ya que así podrás ganar seguridad para ordenarle a tu sumiso.

El femdom ofrece muchas posibilidades para llevar a la práctica. La idea es cumplir sus fantasías en las que se sientan cómodos y que ambos disfruten.

La sexóloga sugiere una serie de juegos:

Adoración de pies: este juego suele ser practicado por aquellas personas con tendencia fetichista; es decir, que sienten deseo sexual hacia partes del cuerpo u objetos, como en este caso hacia los pies o los tacones.

Acción: el sumiso besa, lame, masajea, limpia y venera los pies de su ama.

Spanking o azotes: aquí va subiendo el nivel porque, en este caso, la dómina debe conocer las zonas del cuerpo del sumiso en donde debe golpear y en donde no, porque llevar las cosas a la práctica sin conocimiento puede resultar peligroso.

Acción: los azotes se aplican como castigo si el sumiso no se comporta como la dómina lo indica o como una manera de humillarlo.

Control del orgasmo o edging: la dómina juega con los niveles de excitación del sumiso, deteniéndose siempre que esté a punto de tener un orgasmo, para después continuar estimulando.

Acción: la ama controla el orgasmo del sumiso y juega con su estimulación sexual y genital, acercándolo al punto álgido y prohibiéndole llegar al clímax.

Facesitting: la dómina se sienta en la cara del sumiso.

Acción: es una forma de humillación para el sumiso, en la que la ama impone que estimule oralmente su vulva y ano.

Lluvia dorada o pissing: esta práctica es habitual en las personas con fetichismo hacia los fluidos como la orina.

Acción: la dómina orina al sumiso en la cara, los genitales o en cualquier parte del cuerpo acordada.

Pisotear o trampling: en esta práctica, el sumiso es pisado por la ama. Aquí se usa el peso del cuerpo para ejercer más o menos presión.

Acción: la persona que pisotea debe saber que hay zonas en las que no se debe ejercer la misma fuerza. También deben determinar si la ama va a usar zapatos o no para disfrutar las diferentes sensaciones.

Ataduras o bondage: las ataduras se realizan como una forma de inmovilización para practicar estimulación genital, control del orgasmo, spanking o cualquier otro juego.

Acción: el sumiso se ata con cuerdas, esposas, muñequeras, etc., el límite lo marcan ambos.

Penetración anal o pegging: algunos hombres cishetero desean ser penetrados analmente por su pareja, pero como existe socialmente el tabú de esta práctica, encuentran en el BDSM la seguridad para hacerlo.

Acción: con la ayuda de un arnés con dildo, la ama lo castiga o la humilla.

Control de castidad: así como se lee, como en la edad media, el sumiso es obligado a usar una jaula para sus genitales, la cual le imposibilita el acceso por cuenta propia.

Acción: la idea de este juego es dificultar la erección e impedir la masturbación y la penetración.

La lista de juegos varía en los gustos y fantasías de cada persona. Lo que sí deben tener en común estas prácticas es que deben ser consensuadas y pactadas en pareja. Sin embargo, aunque hayan aceptado, también están en el derecho de parar en cualquier momento.

Es ahí en donde destaca la palabra de seguridad, la cual debe estar totalmente descontextualizada como, por ejemplo, bicicleta, peluche, rascacielos. Deben ser términos que no se confundan con lo que está sucediendo en medio del juego y que paralicen la acción de inmediato.

Si esto pasa, indica que el juego ha llegado demasiado lejos y es un espacio en el que deben aclarar las cosas, como por qué la situación fue incómoda y qué hacer o no hacer en una próxima oportunidad.

Cualquier experiencia sexual que se viva en pareja es única y personal, cada uno determina el nivel, la frecuencia y los juegos que quieren usar, lo importante es que haya comunicación y confianza para decirse #sinrecato que es lo que quieren y que no.

Taty Brugés Obregón

Abogada, periodista, directora general de sinrecato.com Columnista del portal zonacero.com y otros medios digitales. Profesional con más de 27 años de experiencia en medios de comunicaciones impresos y digitales, relaciones públicas, radio y tv. En 2018 creó sinrecato.com como una plataforma de expresión para romper tabués sobre la sexualidad la vida en pareja y la familia, llamando las cosas por su nombre pero con responsabilidad. Como creadora de contenido, la apasiona la actuación, lo cual le ha permitido ampliar su interacción en redes sociales y fortalecerse como profesional en el campo.

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