Mi curiosidad #sinrecato me llevó a preguntarme: ¿será que los astronautas pueden tener sexo en el espacio? Así que me puse a investigar y encontré datos muy interesantes; es probable que, en un futuro no muy lejano, los viajes espaciales para turistas sean más asequibles y algunos puedan llegar a cumplir sus fantasías fuera de este mundo.
El tema de la sexualidad en el espacio ha sido manejado siempre con discreción, y la principal razón del porqué está prohibido que los astronautas tengan sexo es porque la NASA considera que la dinámica del equipo se vería afectada.

Por otra parte, algunos expertos opinan que es todo lo contrario, y dicen que la actividad sexual podría mejorar la salud mental de los astronautas y el bienestar de los futuros habitantes del espacio.
La agencia espacial estadounidense NASA, la agencia europea ESA y la rusa Roscosmos no prohíben el sexo en el espacio de manera oficial, pero entre los astronautas está la recomendación implícita de que las relaciones sexuales no son aconsejables.
El sexo sigue siendo tabú aquí en la Tierra y fuera de ella también, al punto que la NASA asegura que ningún ser humano ha tenido relaciones sexuales en el espacio, y lo justifica con el hecho de que surgirían conflictos interpersonales e incluso influencia en las jerarquías.
Sin embargo, para fines investigativos, sí hay algunas referencias de relaciones sexuales de animales como roedores, anfibios e insectos para estudiar los impactos de la radiación y la gravedad en la reproducción animal.
Un grupo de investigadores internacionales, que apoya el permitir el sexo espacial, respalda la idea de que es una manera de adaptarse al entorno en el espacio y una forma de promover un futuro en donde se materialice el poblar otros planetas.
Estos investigadores publicaron un artículo científico en el 2021 en The Journal of Sex Research titulado: “The Case for Space Sexology” (‘El caso de la sexología espacial’), en el que se propone que todos los programas adopten una nueva disciplina que es la sexología espacial.
La propuesta es que esta nueva área de conocimiento discuta sobre los riesgos y beneficios de toda forma de expresión sexual o íntima fuera de la Tierra. El objetivo principal sería establecer un marco de investigación basado en tres dimensiones: biológica, psicológica y social.
Los investigadores explican que la exploración espacial es necesaria porque los astronautas tienen necesidades afectivas y porque el sexo y el amor hacen parte del bienestar y del disfrute de los seres humanos.
Los autores destacan que la sexología espacial podría impactar positivamente en algunos conflictos que han persistido tanto en la ciencia como en el ejército, tales como el sexismo, la discriminación, la violencia de género y el acoso sexual. Al entender ambos puntos de vista, podríamos sacar algunas conclusiones con respecto al tema.
La cuestión es ir más allá de que esté bien o mal, o que pueden surgir conflictos o que es positivo para la salud mental. La cuestión está en saber si físicamente se puede tener sexo en el espacio.
En este aspecto, la NASA también tiene mucho que decir. Aquí entran en juego muchos factores fisiológicos y ambientales que afectan el cuerpo humano en microgravedad y son algunas razones por las que tener sexo en el espacio no solo sería extremadamente difícil, sino imposible:
Gravedad cero: el cuerpo humano necesita de la gravedad para que la sangre fluya hacia los genitales, lo cual permite la excitación sexual. Esto se traduce en la erección de los hombres y en el aumento del tamaño en el clítoris y la lubricación en las mujeres.
Recordemos que la gravedad en el espacio es cero, por lo tanto, la circulación de la sangre en los genitales es excesivamente trabajosa. Además, según un informe de la NASA, la sangre se acumula en la cabeza y el tórax, provocando la hinchazón del rostro y venas abultadas en el cuello.
Bajo deseo sexual: de acuerdo con investigaciones de la NASA, la testosterona, hormona responsable de mantener elevado al 100% el deseo sexual, disminuye significativamente en los vuelos espaciales.
La reducción de los niveles hormonales afecta la libido de los astronautas y, por supuesto, disminuye sus ganas de tener sexo.
Baja la oxitocina: también conocida como la hormona del amor, la oxitocina se ve afectada en el espacio. Como consecuencia de esto, la atracción sexual y el enamoramiento disminuyen y, por lo tanto, el deseo sexual es cero.
Fatiga extrema: la microgravedad provoca una pérdida de masa muscular, resistencia y un deterioro cardiovascular, debido a que el cuerpo no necesita de esfuerzo para moverse. En estas condiciones físicas, una relación sexual sería agotadora y más en el espacio cuando se requiere un mayor gasto de energía.

Fluidos incómodos: el sudor, el semen o los fluidos vaginales pueden comportarse de manera impredecible en el espacio, bien sea flotando en el ambiente, provocando situaciones incómodas, o comportándose de otras formas inexploradas para el ser humano.
Si bien quiero creerle a la NASA con sus argumentos razonables y justificados, me asalta la duda; si han hecho investigaciones con otras especies en pro de la ciencia, ¿por qué no arriesgarse e ir más allá con los humanos?
A lo mejor, el cuerpo se comporta diferente bajo esas condiciones, pero también podrían utilizarse todas esas variables a favor de la humanidad. Yo creo que el sexo en el espacio puede ser incómodo, pero no imposible como la NASA lo quiere pintar, ellos saben más de lo que quieren hacer creer.
