La moda que no es moda

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La resiliencia se ha convertido en una de las palabras más repetidas en el discurso contemporáneo, pero su esencia va más allá de la moda o de la filosofía populista. Es, en términos simples, la capacidad de adaptarse y recuperarse frente a la adversidad.

La pregunta que surge es… ¿Estamos ante una virtud personal, una tendencia cultural de nuestro tiempo, o incluso un derecho social que debería garantizarse colectivamente?

La respuesta, según evidencias científicas y análisis de expertos, es que la resiliencia es una mezcla de todo ello. Es una virtud que se cultiva; una tendencia que se reconoce en sociedades modernas; y un derecho que se vincula al bienestar psicológico y social.

Investigaciones de la Universidad de Pennsylvania, en Estados Unidos, lideradas por la psicóloga estadounidense, Karen Reivich, han demostrado que la resiliencia no es innata, sino que puede entrenarse.

En sus estudios con más de 2.000 participantes, Reivich encontró que quienes desarrollaban habilidades de afrontamiento positivo reducían en un 60% los síntomas de depresión y ansiedad. Este hallazgo confirma que la resiliencia es una herramienta práctica y medible, no un concepto fuera de la realidad.

Por su parte, el investigador español, Rafael Bisquerra, de la Universidad de Barcelona, sostiene que la resiliencia es una competencia emocional que se vincula directamente con la educación y la convivencia social. Según sus datos, programas escolares que incluyen formación en resiliencia logran disminuir en un 40% los conflictos interpersonales.

La Organización Mundial de la Salud, OMS, también aporta cifras que ilustran los efectos que se logran mediante la capacidad de adaptarse a las circunstancias adversas. En un informe de 2023 sobre salud mental, concluye que las comunidades con programas de resiliencia comunitaria presentan un 30% menos de casos de estrés postraumático tras desastres naturales.

Lo anterior precisa que la resiliencia no solo es un atributo individual, sino un derecho social que debería garantizarse en políticas públicas.

En Colombia, la Universidad de los Andes en estudios sobre jóvenes en entornos violentos, encontró que aquellos que participan en programas de resiliencia comunitaria tienen un 25% más de probabilidades de continuar sus estudios superiores frente a quienes no reciben apoyo.

La resiliencia, entonces, no es únicamente una virtud personal ni una moda discursiva, es una capacidad que se traduce en resultados concretos porque permite mayor bienestar emocional, reducción de enfermedades mentales, cohesión social y oportunidades de desarrollo.

En palabras del psicólogo canadiense, Michael Ungar, director del Resilience Research Centre de la Universidad de Dalhousie, “la resiliencia no es resistir como una roca, sino adaptarse como el agua”.

La apreciación de Ungar resume la esencia de la resiliencia al ratificar que no se trata de aguantar pasivamente, sino de transformarse activamente frente a las dificultades.

¿Qué se logra a través de la resiliencia?

Los datos muestran que las personas resilientes tienen un 20% más de satisfacción vital, según un estudio de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, que siguió a 724 individuos durante más de 70 años. Además, presentan mejores indicadores de salud física, como menor incidencia de enfermedades cardiovasculares.

En el plano social, comunidades resilientes logran reconstruirse más rápido tras crisis económicas o desastres naturales, reduciendo en un 35% los tiempos de recuperación, según evaluaciones del Banco Mundial.

En el ámbito laboral, empresas que fomentan la resiliencia organizacional reportan un 50% menos de rotación de personal y un aumento del 30% en productividad, de acuerdo con datos de Deloitte, una red internacional de servicios profesionales.

La resiliencia, por tanto, es un recurso estratégico para la vida personal y colectiva; no es un lujo, sino una necesidad; y, aunque se reconoce como virtud, también debe ser vista como el derecho a contar con herramientas emocionales y sociales que permitan enfrentar la incertidumbre y la adversidad.

En sociedades marcadas por crisis políticas, económicas y ambientales, la resiliencia se convierte en un indicador de supervivencia y de progreso.

Los expertos aportan cinco consejos prácticos para fortalecer la resiliencia, basados en investigaciones serias:

1.-Construir redes de apoyo: según la psicóloga estadounidense, Ann Masten, de la Universidad de Minnesota, Estados Unidos, la resiliencia se multiplica cuando existe soporte social. Mantener vínculos sólidos con familia, amigos y comunidad es un factor protector clave.

2.-Practicar la flexibilidad cognitiva: estudios de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, muestran que quienes reinterpretan las situaciones difíciles con perspectivas alternativas reducen en un 45% los niveles de estrés.

3.-Cuidar la salud física: investigaciones de la Universidad de Tokio, Japón, revelan que el ejercicio regular aumenta la producción de endorfinas y mejora la capacidad de afrontamiento emocional.

4.-Desarrollar propósito vital: Viktor Frankl, psiquiatra austríaco, demostró en su obra y estudios clínicos que tener un sentido de vida es el motor más poderoso para superar la adversidad.

5.- Entrenar la gratitud: la Universidad de California en Davis, Estados Unidos, encontró que quienes practican la gratitud diaria presentan un 25% más de optimismo y resiliencia frente a eventos negativos.

En conclusión, la resiliencia no es un concepto abstracto ni una moda pasajera. Es una virtud que se cultiva, una tendencia que refleja las necesidades contemporáneas y un derecho social que debe garantizarse. A través de ella se logra bienestar emocional, salud física, cohesión social y productividad.

Los datos, las voces de expertos y las experiencias comunitarias lo confirman. Ser resiliente no significa no caer, sino levantarse con más fuerza y aprender de cada caída.

En tiempos de incertidumbre global, la resiliencia es la brújula que orienta hacia la adaptación, la esperanza y la construcción de futuro, puntualizan los investigadores.

Álvaro Oviedo C

Periodista independiente, actual editor de sinrecato.com Profesional con más de 40 años de experiencia en medios de comunicaciones impresos y digitales, relaciones públicas, radio y tv. Desde el 2018, cocreador de sinrecato.com, plataforma digital de expresión para romper tabués sobre la sexualidad, la vida en pareja, la formación de buenos ciudadanos y mejores familias, llamando las cosas por su nombre. Creador de la red informativa regional, sinrecatonoticias.

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