Las muxes: Transgéneros milenarios

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En Tehuantepec, en Oaxaca, México, existen las muxes, también conocidos como el tercer género. Antes del colonialismo en México, así como en otros pueblos originarios de América, no existían únicamente los conceptos binarios de hombre y mujer, sino que abarcaban conceptos menos simplistas.

Las muxes pertenecen a la cultura zapoteca, cuyo idioma no cuenta con artículos masculinos o femeninos sino neutros, así que no existen “él” o “la”.

De acuerdo con la Universidad Autónoma de México, UNAM, hasta el 2019 se registraron cerca de 3.000 muxes en la región del Istmo de Tehuantepec. En palabras sencillas, las muxes se definen como hombres a quienes se les asignó el sexo de hombre al nacer, pero que adoptan roles estereotípicamente asignados a la mujer.

Y aunque esta definición nos acerca a la idea, la realidad es que no hay una forma específica para definir a las muxes o su expresión de género. Así como algunos pueden vestirse con las ropas típicas de las mujeres del Istmo de Tehuantepec, también hay otros que usan ropa considerada masculina.

Pueden usar el nombre que le dieron al nacer o cambiarlo, e incluso pueden referirse a sí mismos en masculino o femenino.

“Es difícil describir quién es un muxe. Básicamente, podemos decir que es cualquier persona que nació hombre, pero que no actúa de manera masculina”, afirma Lukas Avendaño, quien se define como una muxe performer trans multidisciplinario.

En su comunidad, son considerados una bendición familiar, pues por lo general son quienes se hacen cargo de la casa y cuidan a la familia, mientras que los hombres salen a realizar actividades diarias como la agricultura y la pesca y las mujeres se dedican al comercio de sus artesanías.

Otro de los roles de las muxes en la familia es que son quienes cuidan a los papás en la vejez cuando ya no se pueden valer por sí mismos; por tal razón, a la mayoría no se les permite casarse o tener relaciones amorosas.

Las muxes son parte importante de las familias y de las festividades, siendo una de ellas la de ‘Las velas muxes’, la cual es una celebración cultural que mueve la economía local. En lo que respecta a su vestimenta, las muxes usan el tradicional huipiles, que es un vestido típico del Istmo que consta de una falda larga decorada con flores y lo complementan con el uso de joyas.

Amaranta Gómez Regalado, activista muxe y antropóloga social, explica cómo nació su identidad: “Supe que era una muxe, como la mayoría, desde que tuve uso de razón, y fue en la adolescencia cuando reclamé que me aceptaran como tal. Me puse Amaranta por Amaranta Buendía, la de Cien años de soledad, y fue casi una premonición, porque luego tuve un accidente en el que perdí mi brazo, igual que la Buendía”.

Y aunque Amaranta piensa que puede parecer que son aceptadas totalmente por la comunidad porque existen desde hace muchos años, la realidad es otra.

“Yo siempre he dicho que la única diferencia que hay entre aceptar a una persona gay o transgénero en Buenos Aires o en Ciudad de México y aceptar a una persona muxe en el Istmo es que se pasa por el proceso de aceptación, lo que no es una cuestión individual o de la familia o el entorno cercano, sino colectiva”, afirma.

Alrededor de las muxes, se han creado algunos mitos, como el que dice que son considerados de buena suerte para la comunidad. Con respecto a aquellos mitos no tan acertados, Amaranta opina:

“Este mito viene de las miradas extranjeras, porque les cuesta creer que las poblaciones indígenas tienen prácticas eróticas. Por eso se ha ignorado la epidemia de VIH en nuestras comunidades. Hace años venimos trabajando desde organizaciones muxes en políticas de salud pública para visibilizar y atender las necesidades y la diversidad sexual”.

En un comienzo, las muxes no se vestían de mujer abiertamente. Incluso en la actualidad, así como hay muxes que se visten de mujer a toda hora, hay otras que no adoptan la vestimenta femenina.

Los primeros signos de travestismo surgieron en los años 60 y 70, cuando las muxes empezaron a usar ropa muy colorida, blusas anchas y adornos con flores cuando salían a la calle. Esto se convirtió en un doble proceso de aceptación, por un lado debido a la orientación sexual y, por el otro, por la inclusión de la diversidad en la vestimenta.

En la década de los 80 y los 90, el travestismo se expresó libremente, y en parte se debió a la cultura gay en los medios de comunicación, ya que en ese momento es cuando aparecen los espectáculos travestis, y las muxes también se contagian de este ambiente.

Con respecto a los tiempos modernos, Amaranta explica cómo las muxes se han adaptado: “La modernidad se ha adaptado a nuestras costumbres y no al revés. A principios de los 90, emergió una nueva generación de líderes que puso en agenda los derechos de la mujer, la protección del medio ambiente, la defensa de nuestra música, nuestra literatura y el apoyo a los derechos sexuales, la diversidad y la lucha contra el VIH”.

En 1997, nacen el colectivo ‘Binni Laanu’ y el grupo ‘Las intrépidas contra el Sida’, ambas organizaciones muxes con énfasis en la promoción de los derechos sexuales y la prevención del VIH. Hoy en día, las muxes forman parejas temporales con otros hombres. Esto debido a que las relaciones estables a largo plazo no son muy comunes y es bastante raro que formen parejas con mujeres cisgénero.

En la familia tradicional, la madre considera al muxe “el mejor de sus hijos” porque no abandona a sus padres en los momentos difíciles de la vida como la vejez y las enfermedades. Ellos representan para sus madres la seguridad económica y el apoyo moral.

Sin lugar a duda, las muxes juegan un papel fundamental en sus comunidades, y aun así podemos darnos cuenta de que, lastimosamente, la discriminación es un común denominador en estos espacios diversos.

Es por eso que, iniciando este mes del orgullo, recordemos que el rol más importante que podemos adoptar es el de aliados de la comunidad y voceros de tolerancia y respeto, porque la igualdad no debe verse únicamente en junio, sino todo el año.

Taty Brugés Obregón

Abogada, periodista, directora general de sinrecato.com Columnista del portal zonacero.com y otros medios digitales. Profesional con más de 27 años de experiencia en medios de comunicaciones impresos y digitales, relaciones públicas, radio y tv. En 2018 creó sinrecato.com como una plataforma de expresión para romper tabués sobre la sexualidad la vida en pareja y la familia, llamando las cosas por su nombre pero con responsabilidad. Como creadora de contenido, la apasiona la actuación, lo cual le ha permitido ampliar su interacción en redes sociales y fortalecerse como profesional en el campo.

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