‘La verdad cruda’: maestro

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En agosto y septiembre compartí con ustedes, estimados lectores, dos testimonios de educadores que reflejan una dura y evidente realidad que viene multiplicándose en los estamentos educativos, sin que se conozcan reacciones serias que lleven a evaluar conscientemente el rol de los padres.

¿Y por qué los padres? Sencillamente, porque son los PRIMEROS educadores de sus hijos. Defiendo con argumentos lo que han esbozado expertos en pedagogía y formación en el sentido de que los centros educativos son un COMPLEMENTO de la educación primaria familiar y no los que lideren el proceso.

Se los ilustro así: si, en el seno del hogar, un niño tiene claros los valores, derechos y deberes, incluso pensamiento crítico como miembro de una sociedad, en el colegio se los van a reforzar con pedagogía, ¿o no?

¡Aaahhh! Pero ahora van a saltar padres que, sin detenerse a reflexionar sobre lo anterior, sobre cuál es su verdadero rol, arremeten con todo, ‘tache arriba’, envalentonados, ciegos por la ira, haciendo mal uso de las redes sociales como canal de divulgación pública, contra los profesores, sin antes haberse llenado de requisitos para proceder a un reclamo ponderado frente a alguna situación incómoda en la que sus hijos se ven involucrados.

Esa irracionalidad —ojo, con contadas excepciones—, hace que los maestros, por mucha vocación que tengan, vayan perdiendo la motivación para seguir con la tarea confiada. 

Por ello, les comparto otro testimonio que me conmovió, registrado en Instagram, en la cuenta profe_mondragon, como en su momento ocurrió con los de Darius Williams, un profesor de secundaria en Texas, Estados Unidos (https://sinrecato.com/las-lagrimas-de-un-profesor/) y de Gustavo Mejía Maya, rector del Colegio Santo Domingo Savio, institución ubicada en el municipio de Fusagasugá, Cundinamarca (https://sinrecato.com/respuesta-con-plastilina/).

​“Soy maestro”

​“Llevo dieciocho años frente a un salón y te voy a decir la verdad cruda, sin adornos”. 

​“Yo ya no educo, yo cuido, yo contengo”.

​“Antes entraba y podía decir: ‘Siéntate, guarda el celular, haz tu tarea, respeta a tu compañera’”.

​“Hoy no puedo”.

​“Hoy digo eso y antes de que termine la clase ya tengo a la madre en la puerta gritándome, grabándome con el celular, diciéndome que estoy traumando a su hijo, que cómo me atrevo a hablarle fuerte”. 

​“Le pido a un alumno, a un alumno de doce años, que entregue la tarea; me dice que no”. 

​“Le digo que es su responsabilidad; me contesta que le diga a su mamá”. 

​“Al día siguiente llega la mamá a decirme que en esta casa no se le grita a su príncipe, que para eso me pagan, que yo no soy, que yo soy el responsable de que aprenda”. 

​“¿Responsable de qué…?”

​“Piensan que la escuela es una guardería con pizarrón”. 

​“Me dejan al niño a las siete de la mañana, sin desayunar a veces, sin dormir porque estuvo toda la noche en el videojuego, sin cuaderno y a veces sin lápiz, pero con la exigencia de que yo haga un buen estudiante, que lo haga un buen estudiante y que lo haga un buen ciudadano, una buena persona”. 

​“Todo lo que no hicieron en casa lo tengo que resolver yo en cincuenta minutos y sin levantarle la voz, porque si le exijo, es violencia, dicen, y los traumamos y nos rendimos”. 

​“Te lo digo así, crudo, nos rendimos”.

​“Ya no peleo: si no quiere trabajar, que no trabaje; si quiere estar con el celular toda la clase, que esté; si me contesta feo, me doy la vuelta”.

​“No es que no me importe, es que estoy cansado de que cada intento de poner un límite termine en una junta donde yo soy el acusado”.

​“Los directores tampoco nos defienden: ‘No te metas en problemas, profe’”.

​“Entonces me meto menos, pongo la calificación mínima, entrego papeles, firmo boletas y que se vaya el año”.

​“Y sabes qué es lo más terrible: el niño lo sabe”.

​“Sabe que es intocable, sabe que si yo le digo algo, en su casa le van a decir: ‘Tú no te dejes, mi amor’”.

​“Le estamos enseñando que la responsabilidad es agresión, que cumplir es maltrato, que todo lo que le incomoda es culpa del maestro”. 

​“Nos va a tocar una generación que no va a aguantar a un jefe, que no va a saber llegar temprano, que no va a saber perder”.

​“Y no va a ser porque sean malos niños, va a ser porque tuvieron padres que confundieron amar con solapar, y que prefirieron ir a gritarle a un maestro que sentarse veinte minutos a revisar una tarea con su hijo y educarlo”. 

​“Yo entré a esto para enseñar; hoy solo veo pasar el reloj”. 

Álvaro Oviedo C

Periodista independiente, actual editor de sinrecato.com Profesional con más de 40 años de experiencia en medios de comunicaciones impresos y digitales, relaciones públicas, radio y tv. Desde el 2018, cocreador de sinrecato.com, plataforma digital de expresión para romper tabués sobre la sexualidad, la vida en pareja, la formación de buenos ciudadanos y mejores familias, llamando las cosas por su nombre. Creador de la red informativa regional, sinrecatonoticias.

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